domingo, noviembre 27, 2011

Con el corazón roto y aplastado

Porque tenía razón, me rehusaba a creer la verdad, pero es cierto.
No volverás.
Tonta de mí. Pensé por un momento que mi amor podría salvarte, que mi amor podría sanar tus heridas, envolverte y llenarte tal como tu amor lo hizo conmigo. Por un estúpido momento pensé que mi amor podría devolverte la sonrisa y por un estúpido momento creí ver un atisbo de ella, pero fue sólo un fantasma.
Y los fantasmas no regresan a nuestro mundo por completo. Los fantasmas no son capaces de seguir adelante, ni son capaces de regresar. Los fantasmas se quedan atorados.
¡Pero es tan horrible!
Y son tan egoísta, porque no quiero perderte. Si te pierdo entonces yo me pierdo. Si tu saltas, yo salto ¿o no? Yo siempre creí que así era, yo siempre creí que tu y yo estábamos atados de por vida. Pero tu quieres saltar solo y quieres que yo me quede segura. Piensas que con eso me proteges, piensas que con eso me quedo "bien".
¡Nunca voy a estar bien si no es a tu lado! ¡nunca! ¿me entiendes? Cómo quisiera poder golpearte con mis palabras, hacer que entren una por una en tu entendimiento y abras los ojos a lo que tienes por delante. Cómo quisiera poder amarte... pero cada vez es más difícil, siento que el amor se vuelve líquido y se me escurre entre las manos. Y me quedo con el corazón destrozado, porque pensé que nuestro amor era fuerte, duro, estable como la piedra, yo estaba segura de nada iba a poder derretirlo.
Ojalá esté equivocada.
Ojalá mi amor por ti no se vaya.
Pero es tan difícil al darme cuenta que tu amor por mi ya no es aquel por el que hubieras dejado todo. ¡ES TAN DEVASTADOR!
Y lo frustrante es que nada de esto es mi culpa. Lo único que he hecho es estar contigo, estar ahí para ti.
Hay momentos en los que ya prefiero que todo esto termine y te vayas lejos, porque de verdad lo único que quiero es tu tranquilidad, aunque eso signifique perderte. Te juro que si ese día llega, juntaré todas mis fuerzas y me agarraré de lo que sea para poder recomponerme y despedirte con una sonrisa. Te juro que no voy a rogar que te quedes conmigo. Haré el más grande sacrificio de mi vida y te dejaré ir.
Yo sólo quiero que estés bien, aunque eso me deje con el corazón roto y aplastado para siempre.