Estoy atorada.
Ya ni siquiera puedo escribir con la misma facilidad.
Soy un puto chiste. Soy simplemente nada.
Y ni siquiera puedo llorar. Porque tal vez en el fondo siempre supe que esto terminaría así, aunque en el mismo fondo siempre guardé esa pequeña esperanza de que tal vez esto sería diferente.
Hoy sólo sé que hay ocasiones en nuestras vidas en las que nos detendremos a saborear verdades absolutas, de esas verdades que un día ya sabemos pero no sabemos cuando las supimos.
Mi verdad del día de hoy, del día de ayer y del anterior es que te perdí para siempre.
Y no hay vuelta atrás.
¡Qué ironía! Ahora es cuando quiero empezar a llorar. Porque escribirlo hace más tangible el hecho de que ya no estarás, aunque estés.
Te perdí, y no hay algo que pueda hacer para cambiarlo.
Te dije que siempre estaría para ti.
Nunca mentí.
Y sin embargo viví engañándome, esperando que algún día fueramos felices. Y lo fuimos.
Nunca mentí.
Fuimos felices. Pero bien sabemos que la felicidad es efímera. Es una verdad que comprendí hace ya muchos inviernos. Pero aún así, aunque estoy consciente de lo hija de puta que es la vida, es tan difícil ver cómo te vas, destrozado y sin aliento, con tus hermosas alas todas rotas. Esas alas que solían envolverme y llevarme al mismísimo paraíso.
¡Y es tan difícil ahora no poder curar tus alas!, no poder ser la voz que persigues en tus sueños, la voz que sea el antídoto a tu veneno. Y me quedo destrozada al acunarte en mis brazos, destrozado, mientras te digo mi vida, mi cielo, mi amor, mi todo... Y me quedo tan lejos de ti, detrás de una barrera impasible que no puedo cruzar.
Quiero llamarte pero no sale sonido de mi garganta,
quiero tocarte pero mis dedos no pueden alcanzarte,
quiero seguirte pero tu vas tan rápido,
quiero besarte pero tus labios ya no están...
Tal vez es verdad que ya te perdí.
Es tan difícil y me quedo preguntándome una y otra vez ¿por qué? Te dije tantas veces que eras mi sol, mi luz, mi aire, mi propio yo. Te dije tantas veces que sin ti, el mundo perdía color. Te dije que no podría seguir si tu ya no estabas y todo lo que haces es correr en dirección contraria. Y sin embargo...
Daría mi vida por ti.
Nunca mentí
Te dije que siempre estaría para ti.
Te amo y siempre lo haré. Lo sabes y lo sé.
Esa es mi principal verdad absoluta, la única que me importa, y tal vez la única que pueda salvarnos a ambos.