Borré el otro blog al que le tenía más apego. Y sin embargo siento que no quiero borrar este que está más abandonado, ahogado entre las ruinas de torres edificadas en dolor y desasosiego.
Y aunque tal vez también debería apretar el botón -el gatillo de los tiempos modernos- por el momento la sentencia final es dejarlo intacto.
Y seguir respirando. No hay de otra.